La colección de parcelas y

viñedos

de Queirón

Un rico universo de parcelas
en la vertiente de Quel,
en plena Sierra de Yerga

 

Un viejo dicho del riquísimo acervo español asegura que la naturaleza es sabia. Ésta es una de las claves del trabajo en la viña del equipo de campo de Queirón, que mima, protege y se emociona con la constelación de viñedos de nuestra bodega. Una colección extraordinaria de suelos, alturas, exposiciones y edades que configuran uno de nuestros principales valores como bodega de la DOCA Rioja. Las viñas, fincas y tablitas del universo Queirón se encuentran en la zona más recóndita de Rioja, en el entorno de Quel, desde la vertiente norte del río Cidacos hasta las que van trepando hasta las cotas más altas e insospechadas de la Sierra de Yerga.

Condiciones excepcionales para la viticultura
Queirón reúne en sus viñedos la esencia más pura de la Rioja Oriental, un territorio donde la altitud, los suelos pobres y la luz intensa crean condiciones excepcionales para la viticultura. Cada parcela es un testimonio vivo de la interacción entre clima, suelo y viticultor, dando lugar a vinos de gran personalidad, elegancia y longevidad.

Los viñedos de Queirón se distribuyen en un mosaico de parcelas situadas en el municipio de Quel, en la Rioja Oriental, con altitudes que oscilan entre los 500 y los 800 metros. Esta diversidad de parajes conforma la base de su producción, aprovechando las distintas composiciones de suelo y orientaciones de la Sierra de Yerga.

El Arca es la parcela más antigua de la propiedad, un viñedo de Garnacha plantado en 1892 que sobrevivió a la plaga de la filoxera. Por su parte, Los Palos de Tanis representa la herencia familiar directa, siendo un viñedo de Tempranillo plantado por el abuelo de la actual generación.

En las zonas de mayor altitud se encuentra La Pasada, el viñedo más septentrional de la bodega, situado a más de 700 metros sobre suelos de cantos rodados y fuertemente influenciado por los vientos del norte. 

El resto de la propiedad se divide en parcelas con microclimas y suelos específicos. El Poeta se asienta sobre suelos de losetas y piedras con producciones muy limitadas. La Perdida se localiza en una zona de barrancos y fuertes pendientes que generan marcados contrastes térmicos. La Bartola se caracteriza por sus suelos arenosos y el mantenimiento del cultivo tradicional en vaso con cepas viejas, mientras que El Pozo destaca por su capacidad de conservar la frescura hídrica en el subsuelo.

En conjunto, estos viñedos se gestionan mediante viticultura de precisión para suministrar la uva que posteriormente se procesa en la bodega mediante el sistema de gravedad, diferenciando cada paraje según su estructura y potencial de maduración.