Ecosistema
Queirón
El legado de una naturaleza sabia. En Bodegas Queirón concebimos la excelencia vitivinícola como resultado de un respeto absoluto e incondicional hacia el entorno natural. Bajo la dirección técnica de Leticia Pérez Cuevas, gestionamos una constelación de viñedos situados en las cotas más elevadas de la Sierra de Yerga (Quel, Rioja Oriental), donde la altitud, la orientación y la biodiversidad constituyen los pilares fundamentales de nuestra identidad territorial.
No aspiramos a reinventar el oficio, sino a honrar la tradición ancestral y preservar la vitalidad de la tierra. Aplicamos una viticultura de mínima intervención, combinada con herramientas de precisión tecnológica, para que cada vino sea expresión auténtica y fiel de su paisaje de origen. Nuestro compromiso se resume en un principio esencial: legar a las generaciones futuras un territorio al menos tan sano y equilibrado como el que heredamos.
La sostenibilidad, en su dimensión ecológica, implica escuchar, comprender y respetar la memoria del suelo, así como la riqueza de su fauna y flora. Una parte significativa de nuestros viñedos cuenta ya con certificación ecológica; el resto se encuentra en avanzado proceso de transición hacia dicho estándar.
Entendemos la viticultura como el ejercicio riguroso del conocimiento y el respeto absoluto por el medio natural. Como señala Leticia Pérez Cuevas, responsable del área vitícola:
«Nuestros padres y abuelos apostaron decididamente por elaborar vinos en la Rioja Oriental y por conservar sus viñedos y sus tierras en una época en la que esta zona carecía del prestigio actual —en algunos casos incluso era menospreciada—. Sin embargo, perseveraron con firmeza y visión de futuro».
La estrategia de Gabriel Pérez resultó fundamental para comprender el actual panorama de los viñedos de Queirón que es el eje en el que pivota toda la filosofía de la bodega. Buscó viñas viejas y terrenos en altura y ahora, décadas después, todas las viñas de la bodega se encuentran en el entorno de Quel entre los 600 y los 800 metros de altitud, la mayoría de ellos en carasoles localizados en las faldas que se encaraman desde el lecho del río Cidacos hasta las zonas más elevadas de la Sierra de Yerga.
«Aprovechamos nuestros viñedos en altura, entre 600m y 800m de altitud, para obtener la máxima calidad de la tempranillo, la garnacha, la graciano y la tempranillo blanca», explica Leticia.
Las bases del trabajo de Queirón en el ámbito de la Agroecología son un reflejo exacto de los objetivos del Simposio sobre Agroecología (FAO-2018).
- 1.- Preservar las calidades de los suelos
- 2.- El desarrollo de la biodiversidad
- 3.- Disminución al máximo de los productos fitosanitarios
- 4.- Gestión racional de los recursos hídricos
- 5.- Desarrollar la utilización del biocontrol
- 6.- Desarrollo de una genética de la vid lo más adaptada posible a cada espacio
- 7.- Gestión racional de los recursos
- 8.- Gestión racional de la energía
- 9.- Preservar la calidad del aire
- 10.- Atenuación y adaptación a los efectos del cambio climático
la
altura
La altura es una gran aliada para la sanidad de los viñedos de Queirón y una de las decisiones estratégicas de la bodega es que todos los viñedos sean ecológicos: «Varios ya lo son y el resto se encuentran en un periodo de transición que se desarrolla a lo largo de cinco años».
Todo esto supone que cuando se tratan a las viñas para ayudarles a protegerse contra sus enemigos naturales, en bodegas Queirón utilizamos sistemáticamente productos que no han sido sintetizados químicamente en un laboratorio, ni tampoco modificados genéticamente. Los tratamientos se realizan con elementos que existen de manera innata en la naturaleza. De esta forma, logramos dos objetivos, respetamos al máximo el medio ambiente de nuestro entorno y, además, las propiedades de la tierra ayudando al ecosistema a generar una inmunidad natural ofreciendo mayor calidad de las uvas.
En los viñedos que se encuentran en transición hacia ser cien por cien ecológicos, aplicamos la lucha integrada mediante técnicas de confusión sexual (colocación de difusores entre los viñedos que emiten la feromona sexual de la hembra de polilla. El macho no es capaz de localizarla por la cantidad de feromonas en el ambiente y la hembra, al no ser fecundada, no pone huevos y no existirán larvas que se alojen en los granos de uva. No se da ni segunda ni tercera generación de racimo y mucho menos riesgo de botrytis al no haber heridas en los granos).
Otra apuesta importante del trabajo en el campo de Queirón es el desarrollo de cubiertas vegetales espontáneas, una estrategia que es capaz de reducir la erosión del suelo que producen las lluvias, además de aportar nutrientes y materia orgánica. Esto, a su vez, propicia el lavado de los nutrientes en el propio suelo favoreciendo su mejor absorción, mejorando su estructura y activando también su riqueza microbiana. Otros beneficios de las cubiertas vegetales es que se produce una competencia de dichas plantas con la vid y se resta el vigor a la viña.
Como explica Leticia Pérez Cuevas, el suelo es esencial en la filosofía del trabajo en viñedo de la bodega Queirón: «Entendemos que el suelo y su biodiversidad son la base de la pirámide de la vida en nuestros viñedos, por eso cuidamos el suelo analizando a fondo sus características, disminuyendo el laboreo y permitiendo la cubierta vegetal espontánea».
Varios de los nutrientes que se aportan a los suelos provienen de mantillo de champiñón y de seta de plantas de comportare cercanas. Y también se cumple un doble objetivo, la reutilización de dicho material y el cuidado de nuestros suelos con materia orgánica de primera calidad.
Otro aspecto es la convivencia que se da en nuestros viñedos con la fauna salvaje y la ganadería permitiendo que durante los meses de invierno se alimenten de hierbas y restos vegetales de las propias viñas.
Todo este tipo de procesos (destacando la aportación de la materia orgánica necesaria para la vid y la cubierta vegetal) tienen como consecuencia la limitación del vigor de las vides y no tener que realizar despuntados ni operaciones que supongan el uso de maquinaria y emisiones de CO2. También se trituran en la viña los restos de la poda para evitar los riesgos de incendios.
Otro de los aspectos esenciales de la búsqueda de la biodiversidad de Queirón es la utilización de nuevas tecnologías para analizar, estudiar y comprender qué fenómenos suceden en nuestros viñedos, por eso hemos realizado y estamos inmersos en varios proyectos de investigación: utilización de imágenes vía satélite para analizar el vigor, la humedad y el estado sanitario del viñedo, el uso de distintos tipos de cubiertas vegetales en los distintos suelos o el aumento de resveratrol en la uva.
Bodega Queirón, además, mantiene más de cincuenta hectáreas de pinares para reducir al máximo la huella de carbono, evitar la erosión y la desertificación de zonas que de otra forma estarían abandonadas. También la bodega ha realizado una decidida apuesta por la energía solar, por la agricultura de precisión y por el residuo cero.
Como resume Leticia, «no queremos reinventar lo ya inventado, creemos en las formas de hacer de los viticultores de nuestro pueblo, de su tradición de respeto hacia la naturaleza y a sus formas de hacer ancestrales. Nuestra meta es que nuestros hijos encuentren nuestros viñedos al menos tan sanos y hermosos como nos los han legado nuestros antepasados».